Category: COMPORTAMIENTO

El cachorro llega a casa

A la hora de aumentar la familia con un cachorro, las personas, por norma general, primero lo adquirimos, y después nos preocupamos en saber qué necesita, qué obligaciones trae, qué tamaño alcanzará…

Por supuesto, esto no es para nada recomendable. Debemos recordar que es un ser vivo, y que tendrá una serie de necesidades, nos obligará a perder algunas de nuestras libertades, tendrá que salir, ir al veterinario… durará muchos años y crecerá y dejará de ser ese juguetito que adquirimos.
Por esto, es conveniente primero asegurarnos de que lo que adquirimos es lo que realmente queremos, así como de que creemos que podemos hacernos cargo de él durante toda su vida, que podría alcanzar, según la raza, los 15-17 años.

Debemos estar seguros de que toda la familia está de acuerdo, que podremos satisfacer sus necesidades y que en un futuro, a la hora de irnos de vacaciones, sepamos a ciencia cierta qué hacer con él (llevárnoslo, dejarlo en una residencia, al cuidado de un familiar o conocido…). Igualmente, tendremos que estar seguros de que el carácter de esa raza en concreto es lo que buscamos, ya que no sería conveniente que una familia de costumbres tranquilas, poco amiga de los paseos largos, etc. adquiriera un perro nervioso, ansioso y con necesidad de mucho desgaste (como podría ser un perro de caza). Igualmente tendremos en cuenta su tamaño, es probable que queramos tener un perro de tamaño medio y, cuando son cachorritos, ignorando el tamaño que alcanzará de adulto, nos quedemos con un moloso.

Una vez tenemos todo esto claro, hemos sopesado los pros y los contras, sabemos que podremos hacernos cargo de él durante toda su vida y estamos dispuestos a hacerlo, nos preparamos para su llegada.

Antes de llegar a casa:

Debemos tenerlo todo preparado, su lugar con su camita, sus juguetes, sus cuencos (comida y agua, éste último siempre lleno), su pienso (preferiblemente el mismo que ya le daban, o la cantidad de éste suficiente para poder realizarle el cambio correctamente). Fuera de su lugar, hay que recordar que es como un bebé, y tendremos que tener cuidado con las cosas que queden a su alcance, que no pueda comérselas ni romperlas.
Si tenemos mascotas en casa, lo ideal es que les presentemos en la calle, en un lugar neutro, antes de meterle en casa. Hay que recordar que, si tenemos otro perro, éste le marcará desde el principio los límites, y que es normal que haya gruñidos de parte del “antiguo” al “nuevo”. No deberemos corregir al que ya teníamos, ya que está enseñando y educando al pequeño (partiendo de la base de que en casa tengamos un perro perfectamente equilibrado, en el caso contrario está totalmente desaconsejado incluir a ningún otro miembro antes de solucionar el problema).

Educación del nuevo miembro:

En cuanto a la convivencia, recordemos que la educación que le demos de cachorro será la que mantenga después. Hay que educarlo con una base sólida, teniendo en cuenta que, aunque ahora su comportamiento nos parezca divertido, cuando sea adulto ya no lo será tanto, nos podrá molestar e, incluso, podrá causarnos algún problema. Por esto, todo aquello que sepamos que no querremos que lo realice de mayor, es ahora cuando debemos prohibírselo, y nunca ceder.
El cachorrito debe ser el último de la familia, el que menos atenciones reciba y nunca deberemos sobreprotegerlo. Con esto no quiero decir que no tengamos que mimarle, darle algún achuchón de vez en cuando o cogerle en brazos, sino que hay que saber cuándo hacerlo, y nunca pasarse. Un perro sobreprotegido no ha sabido desenvolverse solo en las situaciones complicadas y de adulto se convierte en un perro inseguro e incluso miedoso ante situaciones diferentes o difíciles. Igualmente, un perro que ha recibido un exceso de atención, podría convertirse en un “tirano”, exigente y agresivo.
Si tenemos un perro con antecedentes dominantes, o de carácter fuerte (un profesional lo podrá valorar desde las pocas semanas de vida) deberemos tener más cuidado con lo que le permitimos y lo que no, si nos demostrara rebeldía deberemos actuar siempre en el momento, atajando este comportamiento a tiempo, ya que si no lo hacemos sólo nos acarreará problemas cuando el perro supere los 6 meses de edad (aprox.).

En resumen, hay que tener claro qué traemos a casa, qué necesidades tiene, qué pros y qué contras nos traerá su llegada, y sobre todo, saber que la educación en ese periodo de vida es esencial, y que lo que aprenda en este tiempo, lo repetirá cuando llegue a adulto.

Caneduca

La llegada de un bebé

Tomar precauciones para evitar accidentes:

Una de las preguntas más frecuentes de los futuros padres es cómo introducir un nuevo bebé en un hogar en el que reside un perro. Normalmente esta cuestión genera muchas dudas ya que existe cierto miedo a las futuras interacciones entre el  niño y el perro. Por fortuna, la mayoría de las mascotas miran a los niños con curiosidad y no presentan signos de agresividad hacia ellos. Sin embargo, algunos perros pueden percibir a los bebés como un mamífero extraño y una posible pieza de caza, sobre todo aquellos que nunca han visto a un bebé y , por tanto,  no pueden reconocerlo como una cría de los seres humanos, Para ayudar a prevenir accidentes, debemos tomar algunas precauciones.

En primer lugar tenemos que asegurarnos e que nuestra mascota n tiene ningún problema de agresividad hacia los niños o adultos o de que no haya presentado ningún comportamiento predatorio (de caza) hacia pájaros, gatos o cualquier otro mamífero.
Si el perro ha manifestado algún tipo de agresión anteriormente, los padres deben consultar con un especialista en educación canina. Éste puede evaluar al animal e indicar, si fuese necesario, un plan de trabajo para reducir la probabilidad de que el perro pueda ser agresivo con el nuevo niño.
Los propietarios de perros sin problemas deben saber que sus macotas pueden cambiar sus conductas con la llegada del bebé. Al recibir menos atención que antes, el perro puede recurrir a realizar actividades destructivas para llamar la atención o simplemente para aliviar el aburrimiento. También puede ocurrir que si se trata al animal más severamente cuando se aproxima al niño, o se le aísla para no molestarle, el perro puede establecer una asociación entre el niño y el nuevo trato, por ello es aconsejable que el perro participe de la nueva situación familiar, si bien teniendo siempre una constante vigilancia, para que aprenda a incorporar al bebé como un miembro más de la familia.

Por favor, es esencial recordar que un animal no debe estar solo con un niño en ningún caso. No porque los perros sean agresivos con los niños por naturaleza, sino por que estos últimos pueden tener reacciones extrañas hacia el animal cuando éste se les acerca para buscar contacto físico, o simplemente para abrazares para mostrar cariño.
Hasta que el nuevo miembro de la familia no sea mayorcito para comportarse apropiadamente con el animal doméstico, aproximadamente a los 10 años, no se debe permitir que los niños y perros actúen recíprocamente sin saber cómo responden en esas circunstancias. Esta es una medida de seguridad muy importante que protege tanto al niño como a la mascota.

Instrucciones para los nuevos padres:

  • No disciplinar al perro cuado se manifiesta curioso alrededor del niño.
  • Dejar que el perro huela y vea al niño.
  • Asociar experiencias agradables con la presencia del niño.
  • Dedicar especialmente 10 minutos al día a interaccionar activamente con el perro.
  • No dejar totalmente solos al niño y perro.
  • No aislar totalmente al perro del niño.

Procedimiento antes del nacimiento:

El proceso de introducción del bebé debe comenzar antes de su nacimiento. En este procedimiento se deben seguir los siguientes pasos:

  • En primer lugar y como condición indispensable, cualquier propietario en estas circunstancias debe asegurarse de tener un buen control sobre su perro mediante una educación básica. Este proceso, cuando se parte de “cero”, nos ocupará aproximadamente un período de un mes.
  • Antes de llegar el bebé se debe establecer un horario regular de alimentación y paseos que se ajuste a la realidad de las futuras circunstancias. Deberá respetarse cuando el niño esté presente.

Incluirá de uno a dos paseaos diarios de una duración de 5 a 10 minutos, dedicados exclusivamente a atender las necesidades del animal. Durante esos paseos, se ha de acariciar al perro, cuidarlo, hablarle despacio y cariñosamente, jugar con él y sus juguetes, darle masajes y todo aquello que al propietario le apetezca y sepa que a él le gusta.
Para llevar a cabo este intercambio de éxito hay que buscar los mejores momentos del día, aunque sea levantándose cinco minutos antes. Al dueño también le servirá para relajarse. Esta es una buena manera de indicar al animal que, a pesar de todo l que está sucediendo, él también es importante y cuenta para la familia.

El cambio de horarios hay que realizarlo lo más pronto posible. Un buen momento sería al comenzar la educación básica o al reforzarla, si el perro ya está educado, para que el paseo del bebé en cochecito acompañados del perro no suponga un esfuerzo extra, debe enseñársele a caminar a un lado con correa antes del nacimiento del niño. Esto contribuirá a tener un buen control sobre el animal.

  • Las áreas donde permanecerá el bebé tendrán un olor característico emanado de los artículos que utiliza el niño (pañales, lociones, polvos y otros objetos), que es interesante para el perro. Se ha de permitir que éste se acostumbre a ellos olfateándolos antes de la llegada del bebé. El propietario puede también manosearlos e impregnarse de su olor para que el perro le huela.

Igualmente, los objetos o la ropa del bebé pueden ser atractivos para el perro, por lo que no permitiremos que juegue con ellos enseñándole modales y utilizando las órdenes básicas. Cuando el bebé esté presente, tomaremos algún objeto o ropa que el niño ha usado y se los enseñaremos al animal para que familiarice con ellos y sepa que también hay un niño involucrado en la familia.

Tener la precaución de realizar los arreglos necesarios para que el animal pueda estar separado de las visitas o del bebé en algún momento, es un aspecto importante. Estas modificaciones, sin embargo, se han de realizar antes de la llegada del niño, para que el perro pueda acostumbrarse y no se sorprenda. No es aconsejable llevar a la mascota a una residencia canina. Es preferible tener al perro vigilado dentro de casa porque esto disminuye la tensión. Los perros incrementan la tensión en las perreras o residencias y se vuelven temerosos a su regreso al hogar, por lo que pueden asociar su estado de miedo con la llegada del bebé.

  • Cuando el bebé entre en casa, el propietario necesitará ayuda. Debe poder saludar y prestar atención a los animales sin tener que decirles que se marchen, o arriesgarse a intervenir porque estén molestando al bebé. Alguien debe poder sostener al bebé mientras el dueño saluda a sus mascotas.

Si se trata de un animal que salta al saludar, se le debe poner en otro cuarto hasta que todo esté tranquilo y el propietario pueda entrar a saludarlo. Si el animal es difícil de controlar debe colocársele una correa pero antes, hay que saludarle de forma efusiva. Sólo debe empezar la presentación de los animales al bebé cuando todo esté tranquilo y bajo control, con los animales callados y en calma, cuando todo regrese a una situación normal. Este proceso puede durar de unos 15 a 30 minutos.

  • Una vez estemos listos para comenzar con la presentación de los animales, alguien debe hacerse cargo del bebé para que el propietario pueda supervisar al perro. El animal puede oler y explorar al bebé. Si se manifiesta temeroso del niño, es aconsejable hablar suavemente con él, frotarlo, darle masaje y animarlo para seguir oliendo al bebé. No hay que sostener ni mover al pequeño en el aire delante del perro, pues podría incitar al animal a arremeter contra el niño. Esta es una conducta inapropiada y potencialmente peligrosa.

En todo momento debe haber tranquilidad y la situación ha de estar totalmente controlada. Aunque un lametazo pueda ser aceptable, se debe detener al animal al instante. Si se presentan lloros o gruñidos al bebé, hay que esr capaz de corregirlos verbalmente. Si no es así, el dueño ha de colocar al animal en otro cuarto hasta que esté tranquilo. Cuando se calme, se podrá probar nuevamente la presentación. El propietario ha de recordar que debe impedir cualquier conducta errónea, antes de que se produzca, sobresaltando al animal para que cese y, entonces, reforzar otra conducta más adecuada.

Si el dueño está solo durante las primeras semanas, los animales deben estar guardados en presencia del niño. Es imposible atender a los dos y tener la seguridad de poder reprimir una mala conducta del perro.
Hay que asegurarse de que la separación de los barrotes de la cuna del bebé no es accesible para el perro.

También es importante considerar el estado de la correa y su longitud que, en caso necesario, se podría utilizar para tener bajo control al perro en presencia del bebé. De esta forma, el animal puede estar cerca del niño y el dueño puede acariciarlo, pero el perro no puede arremeter para localizar y alcanzar al bebé.

  • Si después de 3 semanas, el animal acepta al bebé sin presentar malas conductas, se puede estar tranquilo, No obstante nunca hay que dejar solos al animal y al niño.

Es erróneo pensar que el bozal evita posibles lesiones. El cráneo de un niño es muy débil como para soportar una embestida de un perro y puede llegar a producirse una fractura sin que hubiese intención. Un bozal puede prevenir una mordedura, pero no disuade al perro de arremeter contra el niño.

  • Bajo ninguna circunstancia un animal doméstico puede dormir en el mismo cuarto que un niño. Es aconsejable usar un intercomunicador para poder cerrar la puerta de la estancia del bebé mientras duerme.

Miguel Ibáñez Talegón
Profesor de Etología y Protección Animal
Jefe del Servicio de Etología Clínica Veterinaria

Evitar la agresividad

Actualmente resulta casi imposible pasear sin cruzarnos en nuestro camino con un perro que demuestre algún tipo de conducta agresiva. La agresividad canina está “de moda”, han dejado de ser raros los perros agresivos, para pasar a serlo los perros equilibrados y sociabilizados. Pero el problema lo tenemos cuando miramos hacia abajo… y el perro problemático es el nuestro.

Es por todos conocido que estos problemas tienen solución, ya que prácticamente en todos los casos hablamos de un déficit educacional, o una falta de normas y costumbres que, si bien no nos parecen importantes, resultan necesarias para evitar este tipo de trastornos. Pero, ¿conoce todo el mundo que con una serie de pautas podríamos evitar que nuestro perro desencadenara este comportamiento? El resultado sería mucho mejor, ya que no sólo no tendríamos que tratar el problema, sino que este nunca aparecería.

Las conductas agresivas de nuestros perros pueden desencadenarse por muchas causas. Entre manos podríamos tener un problema de ansiedad, de inseguridad… un perro mimado en exceso, o un perro con un miedo atroz… y nosotros sólo sabríamos que nuestro perro presenta conductas agresivas, aunque no el motivo. Pero si desde el principio de adquirirlo hubiéramos actuado de manera correcta, cualquiera de ellas podría haberse evitado.

Las causas que desencadenan este tipo de episodios pueden ser genéticas o aprendidas. Las genéticas no nos van a causar el problema, pero sí nos van a dar la predisposición a padecerlo en mayor o menor medida. El aprendizaje determinará la causa. Con esto quiero decir que si nuestro perro está genéticamente predispuesto (p.ej. de carácter débil) y durante el aprendizaje adquiere una experiencia negativa (potenciada en mayor o menor medida por nosotros o quien se encargue de su educación), es altamente probable que, lejos de solucionarse solo, aumente este problema, desencadenando episodios de agresividad como respuesta.

Entendido esto, evitar estos problemas resulta más sencillo. Como la agresividad tiene una nota genética, es conveniente, a la hora de adquirir a nuestra mascota, tenerlo en cuenta. Siempre deberemos conocer a los padres (a ser posible, cuantas más generaciones ascendentes conozcamos, mejor), una hembra inestable tendrá más posibilidades de criar cachorros inestables (componente genético y aprendizaje influenciado). El imprinting (o periodo crítico) es la parte más importante en el crecimiento y aprendizaje del cachorro. En el caso de que la madre esté sana tanto física como psíquicamente, será quien mejor sepa realizarlo, pero si es inestable, podría afectar a nuestro perro de cara al futuro. Desde pequeño deberemos exponerlo a todos aquellos estímulos que puedan aparecer en el futuro , de cara a que para él todo sea conocido (recordado) y no le genere ansiedad o miedo. Un ejemplo muy claro son los ruidos fuertes (tiros, petardos,…), si desde pequeño le exponemos a ellos, de adulto los conocerá y no será nada nuevo para él. También es conveniente que desde cachorro establezcamos las pautas que querremos seguir en un futuro. Es muy común dejarle hacer “porque es cachorro”, sin tener en cuenta que ese mismo comportamiento que ahora permitimos, en un futuro se volverá desagradable, o podrá molestarnos en mayor medida. Por esto, lo ideal será permitirle de cachorro lo mismo que le permitiremos de adulto, para evitar el tener que corregir un comportamiento que nosotros hemos potenciado. A la hora de los paseos, es importante que nuestro perro gaste energía. La energía que no gaste en la calle le podrá provocar ansiedad, estrés,… y desembocar en reacciones agresivas. Es necesario que nuestra mascota se canse en la calle, tenga el tamaño que tenga, y la edad que tenga (es importante adecuar el tipo de ejercicio y la cantidad en función de su estado de salud y edad, pues es negativo tanto el defecto como el exceso). Si nuestro perro aparentara tener una conducta dominante, lo correcto sería marcarle bien las pautas, no permitirle excesos, ni permitirle que “haga lo que quiera”. Esto podría causar problemas en el futuro, ya que si él cree que tiene el control de la situación, en el momento en que intentemos llevarlo nosotros, intentará recuperarlo. Deberemos, entonces, establecer unas normas muy claras, y unos horarios muy definidos, y nunca ceder a sus peticiones, sean del tipo que sean.

Si a pesar de haber seguido estas pautas notamos algún problema, antes de que éste aumente hasta el punto de hacerse insostenible, será necesario acudir a un profesional, que mediante unas pautas nos enseñará a recuperar el control de la situación, así como a saber el motivo que causa este comportamiento y cómo evitar nuevos problemas.