Monthly Archives: December 2010

Insolación

La insolación se produce como resultado de una larga exposición de cualquier animal a los rayos solares o a un calor intenso y prolongado. Es muy posible que después de cierto tiempo se debata bajo los efectos del letargo, tenderá a anular sus movimientos, no trabajará o acudirá a nuestra llamada, pareciendo que se halla drogado. Si es obligado a andar puede caer al suelo, donde quedará respirando dificultosamente. La piel se tornará reseca y caliente al tacto. Puede morir en pocas horas si no se intenta paliar los efectos de la insolación. Para ello debe ser llevado aun lugar en sombra y una vez en él, hay que actuar con toda rapidez para que la temperatura descienda. Si no ha sufrido demasiados trastornos, puede bastar con unas bolsas de hielo en la cabeza, pero si la exposición fue prolongada, lo mejor será empapar una sábana o toalla y envolverlo en ella. Entre tanto conviene vigilar la temperatura del animal y no permitir que descienda por debajo de los 38º. La presencia de un veterinario tan pronto como sea posible se considera imprescindible, pues de este modo pueden tomarse las medidas adecuadas ante una posible caída de la presión sanguínea, que le producirá un estado de shock preocupante. Lo prudente es que con los cuidados y unas horas de descanso todo mejore en poco tiempo.

 

Congelación

 

La congelación se produce como resultado de una prolongada exposición al frío intenso. En los perros suelen verse afectadas las zonas del cuerpo más alejadas del corazón, generalmente la cola y las patas. La sangre se congela en los vasos y la nutrición no se produce como debiera, por lo tanto los tejidos orgánicos mueren y surge la gangrena lo cual es muy grave, por eso los primeros auxilios sólo son válidos para no aumentar el peligro. La zona afectada, que seguramente mostrará aspecto rígido, debe frotarse con nieve o sumergirse en agua fría –nunca tibia o caliente-. Si el animal puede, debemos estimularle para que pasee, así reestablecerá, o al menos mejorará, la circulación. Tan pronto como advirtamos que la zona afectada recobra algo de su elasticidad, procederemos a masajearla con algo de aceite o vaselina y envolverla en algodón si es posible. No es recomendable la utilización de alcohol porque dilataría las arterias heladas y facilitaría el edema. No piense que al haber recuperado el perro la movilidad en el miembro afectado por congelación ya no hay peligro. En poco tiempo se manifestará una inflamación grave y la zona se hará muy dolorosa. Si no es tratada, después habría supuración y gangrena húmeda, que haría estragos. Por norma general se admite que a mayor enrojecimiento de la piel en la zona congelada, mayor será el riesgo y dificultades para la curación.

Caneduca

Evitar la agresividad

Actualmente resulta casi imposible pasear sin cruzarnos en nuestro camino con un perro que demuestre algún tipo de conducta agresiva. La agresividad canina está “de moda”, han dejado de ser raros los perros agresivos, para pasar a serlo los perros equilibrados y sociabilizados. Pero el problema lo tenemos cuando miramos hacia abajo… y el perro problemático es el nuestro.

Es por todos conocido que estos problemas tienen solución, ya que prácticamente en todos los casos hablamos de un déficit educacional, o una falta de normas y costumbres que, si bien no nos parecen importantes, resultan necesarias para evitar este tipo de trastornos. Pero, ¿conoce todo el mundo que con una serie de pautas podríamos evitar que nuestro perro desencadenara este comportamiento? El resultado sería mucho mejor, ya que no sólo no tendríamos que tratar el problema, sino que este nunca aparecería.

Las conductas agresivas de nuestros perros pueden desencadenarse por muchas causas. Entre manos podríamos tener un problema de ansiedad, de inseguridad… un perro mimado en exceso, o un perro con un miedo atroz… y nosotros sólo sabríamos que nuestro perro presenta conductas agresivas, aunque no el motivo. Pero si desde el principio de adquirirlo hubiéramos actuado de manera correcta, cualquiera de ellas podría haberse evitado.

Las causas que desencadenan este tipo de episodios pueden ser genéticas o aprendidas. Las genéticas no nos van a causar el problema, pero sí nos van a dar la predisposición a padecerlo en mayor o menor medida. El aprendizaje determinará la causa. Con esto quiero decir que si nuestro perro está genéticamente predispuesto (p.ej. de carácter débil) y durante el aprendizaje adquiere una experiencia negativa (potenciada en mayor o menor medida por nosotros o quien se encargue de su educación), es altamente probable que, lejos de solucionarse solo, aumente este problema, desencadenando episodios de agresividad como respuesta.

Entendido esto, evitar estos problemas resulta más sencillo. Como la agresividad tiene una nota genética, es conveniente, a la hora de adquirir a nuestra mascota, tenerlo en cuenta. Siempre deberemos conocer a los padres (a ser posible, cuantas más generaciones ascendentes conozcamos, mejor), una hembra inestable tendrá más posibilidades de criar cachorros inestables (componente genético y aprendizaje influenciado). El imprinting (o periodo crítico) es la parte más importante en el crecimiento y aprendizaje del cachorro. En el caso de que la madre esté sana tanto física como psíquicamente, será quien mejor sepa realizarlo, pero si es inestable, podría afectar a nuestro perro de cara al futuro. Desde pequeño deberemos exponerlo a todos aquellos estímulos que puedan aparecer en el futuro , de cara a que para él todo sea conocido (recordado) y no le genere ansiedad o miedo. Un ejemplo muy claro son los ruidos fuertes (tiros, petardos,…), si desde pequeño le exponemos a ellos, de adulto los conocerá y no será nada nuevo para él. También es conveniente que desde cachorro establezcamos las pautas que querremos seguir en un futuro. Es muy común dejarle hacer “porque es cachorro”, sin tener en cuenta que ese mismo comportamiento que ahora permitimos, en un futuro se volverá desagradable, o podrá molestarnos en mayor medida. Por esto, lo ideal será permitirle de cachorro lo mismo que le permitiremos de adulto, para evitar el tener que corregir un comportamiento que nosotros hemos potenciado. A la hora de los paseos, es importante que nuestro perro gaste energía. La energía que no gaste en la calle le podrá provocar ansiedad, estrés,… y desembocar en reacciones agresivas. Es necesario que nuestra mascota se canse en la calle, tenga el tamaño que tenga, y la edad que tenga (es importante adecuar el tipo de ejercicio y la cantidad en función de su estado de salud y edad, pues es negativo tanto el defecto como el exceso). Si nuestro perro aparentara tener una conducta dominante, lo correcto sería marcarle bien las pautas, no permitirle excesos, ni permitirle que “haga lo que quiera”. Esto podría causar problemas en el futuro, ya que si él cree que tiene el control de la situación, en el momento en que intentemos llevarlo nosotros, intentará recuperarlo. Deberemos, entonces, establecer unas normas muy claras, y unos horarios muy definidos, y nunca ceder a sus peticiones, sean del tipo que sean.

Si a pesar de haber seguido estas pautas notamos algún problema, antes de que éste aumente hasta el punto de hacerse insostenible, será necesario acudir a un profesional, que mediante unas pautas nos enseñará a recuperar el control de la situación, así como a saber el motivo que causa este comportamiento y cómo evitar nuevos problemas.