Insolación

La insolación se produce como resultado de una larga exposición de cualquier animal a los rayos solares o a un calor intenso y prolongado. Es muy posible que después de cierto tiempo se debata bajo los efectos del letargo, tenderá a anular sus movimientos, no trabajará o acudirá a nuestra llamada, pareciendo que se halla drogado. Si es obligado a andar puede caer al suelo, donde quedará respirando dificultosamente. La piel se tornará reseca y caliente al tacto. Puede morir en pocas horas si no se intenta paliar los efectos de la insolación. Para ello debe ser llevado aun lugar en sombra y una vez en él, hay que actuar con toda rapidez para que la temperatura descienda. Si no ha sufrido demasiados trastornos, puede bastar con unas bolsas de hielo en la cabeza, pero si la exposición fue prolongada, lo mejor será empapar una sábana o toalla y envolverlo en ella. Entre tanto conviene vigilar la temperatura del animal y no permitir que descienda por debajo de los 38º. La presencia de un veterinario tan pronto como sea posible se considera imprescindible, pues de este modo pueden tomarse las medidas adecuadas ante una posible caída de la presión sanguínea, que le producirá un estado de shock preocupante. Lo prudente es que con los cuidados y unas horas de descanso todo mejore en poco tiempo.

 

Congelación

 

La congelación se produce como resultado de una prolongada exposición al frío intenso. En los perros suelen verse afectadas las zonas del cuerpo más alejadas del corazón, generalmente la cola y las patas. La sangre se congela en los vasos y la nutrición no se produce como debiera, por lo tanto los tejidos orgánicos mueren y surge la gangrena lo cual es muy grave, por eso los primeros auxilios sólo son válidos para no aumentar el peligro. La zona afectada, que seguramente mostrará aspecto rígido, debe frotarse con nieve o sumergirse en agua fría –nunca tibia o caliente-. Si el animal puede, debemos estimularle para que pasee, así reestablecerá, o al menos mejorará, la circulación. Tan pronto como advirtamos que la zona afectada recobra algo de su elasticidad, procederemos a masajearla con algo de aceite o vaselina y envolverla en algodón si es posible. No es recomendable la utilización de alcohol porque dilataría las arterias heladas y facilitaría el edema. No piense que al haber recuperado el perro la movilidad en el miembro afectado por congelación ya no hay peligro. En poco tiempo se manifestará una inflamación grave y la zona se hará muy dolorosa. Si no es tratada, después habría supuración y gangrena húmeda, que haría estragos. Por norma general se admite que a mayor enrojecimiento de la piel en la zona congelada, mayor será el riesgo y dificultades para la curación.

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